Ir al contenido
Qlango

El idioma más fácil de aprender para un hispanohablante

Autor: QlangoPublicado: Blog

Qlango course list with language flags

Portugués. Si quieres la respuesta en una palabra, es esa: el idioma más fácil de aprender para un hispanohablante es el portugués, seguido muy de cerca por el italiano y, si vives en España, por el gallego y el catalán, que probablemente ya entiendes más de lo que crees. Detrás vienen el francés, que se lee con facilidad y se escucha con angustia, y el rumano, el primo lejano que se fue al este.

Pero «fácil» tiene truco. Un idioma cercano te deja entender mucho muy pronto, y eso es una maravilla. También te deja hablar mal con mucha seguridad durante años. Idioma por idioma, esto es lo que te regala cada uno y lo que te va a costar.

Por qué el portugués es el idioma más fácil de aprender para un hispanohablante

Lee esta frase: Não sei onde fica a estação. Si has entendido «no sé dónde queda la estación» sin haber estudiado nunca portugués, ya sabes por qué está el primero. El vocabulario coincide en una proporción enorme y la gramática va casi en paralelo: ser y estar se reparten de forma muy parecida, hay pretérito e imperfecto, y el subjuntivo aparece donde lo esperas.

Tiene incluso cosas que el español ha perdido. El futuro de subjuntivo, que para nosotros solo sobrevive en textos legales y en refranes como «adonde fueres, haz lo que vieres», en portugués se usa a diario: quando eu for, se você quiser. Y existe el infinitivo personal, un infinitivo que se conjuga: é melhor eles saírem («es mejor que ellos salgan»). Un detalle a favor de los latinoamericanos: el portugués dice hoje comi peixe donde en España se diría «hoy he comido pescado». Si eres de México o de Argentina, ya hablas así.

Lo difícil está en los sonidos. Las vocales nasales (pão, mãe, bom) no existen en español, y el portugués de Portugal se come tantas vocales átonas que una frase entera puede sonar como una sola palabra llena de eses. El de Brasil es más abierto y más fácil de entender al principio, aunque convierte la t delante de i en algo parecido a «ch»: tia suena casi «chía».

Y los falsos amigos son traicioneros precisamente porque todo lo demás coincide: esquisito es «raro», polvo es «pulpo», borracha es «goma de borrar» y oficina es «taller». Elogiar un plato en Lisboa diciendo que está esquisito es una forma muy eficaz de que no te vuelvan a invitar.

Italiano: el que mejor suena en boca hispana

El italiano se escribe casi como se pronuncia, y sus vocales se parecen mucho a las nuestras. Tiene alguna más (distingue una e y una o abiertas y cerradas), pero con tus cinco te entienden perfectamente. Por eso un hispanohablante suena razonablemente bien en italiano muy pronto, cosa que no pasa ni con el francés ni con el inglés.

Lo nuevo está en otra parte. Las consonantes dobles cambian el significado: nono es «noveno» y nonno, «abuelo»; pala es «pala» y palla, «pelota». Los artículos tienen siete formas (il, lo, la, l', i, gli, le) y se funden con las preposiciones (della, nello, sugli). Los plurales no llevan s (le case, i libri). El pasado compuesto elige auxiliar: ho mangiato, pero sono andato. Y hay dos pronombres, ci y ne, sin equivalente claro en español y presentes en todas partes: ce l'ho («lo tengo»), ne voglio due («quiero dos»).

Los falsos amigos clásicos: burro es «mantequilla», caldo es «caliente», salire es «subir» e imbarazzata es «avergonzada», no «embarazada» (eso es incinta).

Gallego y catalán: los que tienes al lado

Si vives en España, tienes dos idiomas fáciles a mano, y con la ventaja de oírlos en la televisión y en la calle. El gallego es probablemente el más cercano de toda esta lista: comparte origen con el portugués y siglos de convivencia con el castellano. Su dificultad es casi psicológica, la tentación de hablarlo como si fuera castellano con otro acento. Ojo con rato, que en gallego es «ratón».

El catalán tiene más sorpresas. Parte de su vocabulario mira hacia el francés y el occitano: taula (mesa), finestra (ventana), menjar (comer), parlar (hablar). Los pronombres en e hi hacen trabajos que el español resuelve de otra forma: n'hi ha dos es «hay dos». El pasado más común se forma con el verbo «ir»: ahir vaig menjar paella significa «ayer comí paella», no «voy a comer paella». En el catalán central las vocales átonas se reducen, así que lo que lees y lo que oyes no siempre coinciden. Y un último aviso: llevar en catalán es «quitar»; para llevar algo puesto o encima se dice portar.

Francés: fácil de leer, difícil de oír

Un hispanohablante lee un titular de periódico francés al poco de empezar, porque el vocabulario culto es casi el mismo: gouvernement, économie, décision. El problema llega cuando alguien lo dice en voz alta. El francés escribe letras que no pronuncia (ils parlent suena igual que il parle), une palabras (les amis suena algo así como «lezamí») y distingue vocales que para nosotros son la misma: vu y vous, vin, vent y vont.

En gramática tienes una ventaja enorme sobre quien habla inglés: el subjuntivo, que ya sabes usar. A cambio, el sujeto es obligatorio (no puedes decir solo parle, necesitas el je), la negación tiene dos piezas (je ne sais pas) y aparecen los artículos partitivos (du pain, de l'eau) y los pronombres y y en. Los falsos amigos son legendarios: constipé significa «estreñido» (resfriado es enrhumé), salir es «ensuciar», entendre es «oír» y large es «ancho».

Rumano: el primo que se fue al este

El rumano es latín con casi dos mil años de vecinos eslavos, húngaros y turcos. Gran parte del vocabulario básico te resulta familiar (masă, mesa; frate, hermano; a cânta, cantar), y de repente da significa «sí», prieten es «amigo» y a iubi, «amar», tres préstamos eslavos.

La gramática guarda sorpresas: el artículo definido va pegado al final de la palabra (casă es «casa», pero casa es «la casa»), quedan restos de declinación (casei es «de la casa») y existe el género neutro. Para un hispanohablante es más difícil que el italiano, pero mucho más accesible que cualquier idioma eslavo. Y carte no es «carta»: es «libro». En Qlango el rumano llega ya al B2, que se añadió hace poco (qué significa cada nivel lo tienes en los niveles MCER explicados).

Lo que te regala cada idioma y lo que te va a costar

Idioma Lo que ya traes del español Lo que te va a costar Falso amigo de manual
Portugués Vocabulario, gramática casi paralela, subjuntivo Vocales nasales, el ritmo de Portugal esquisito = raro
Gallego Casi todo No hablarlo como castellano rato = ratón
Italiano Pronunciación, vocabulario Consonantes dobles, artículos, ci y ne burro = mantequilla
Catalán Vocabulario, gramática general Pronombres en e hi, vocales reducidas llevar = quitar
Francés Vocabulario escrito, subjuntivo Ortografía, vocales, entender de oído constipé = estreñido
Rumano Base latina, conjugación Artículo al final, casos, préstamos eslavos carte = libro

Los que parecen fáciles y no lo son tanto

El inglés no es difícil por su gramática, que en muchos puntos es más sencilla que la nuestra, sino por su pronunciación, su ortografía y sus phrasal verbs (get up, get over, get by, get away with). Lo tienes alrededor a todas horas, y eso ayuda más de lo que crees. Pero no está en el grupo de los fáciles.

El euskera es lo contrario de lo que sugiere el mapa: está al lado, pero no es indoeuropeo y funciona de otra manera. En Nik ogia jaten dut («yo como pan»), hasta el «yo» lleva una marca especial porque el verbo es transitivo. Precioso, y nada fácil.

Si lo que buscas es, literalmente, el idioma más fácil del mundo, el esperanto es un candidato serio: lo diseñaron a finales del siglo XIX con ese propósito, con una gramática muy regular y un vocabulario en buena parte de origen latino. Con quién lo practicas ya es otra cuestión.

En el otro extremo están el chino (cuatro tonos que cambian el significado de una misma sílaba: mā, má, mǎ, mà), el japonés (tres sistemas de escritura a la vez), el árabe o el coreano. No son imposibles, solo piden bastante más tiempo; lo contamos con números en cuánto tiempo se tarda en aprender un idioma.

La trampa de los idiomas fáciles

Con un idioma lejano sabes que no sabes. Con uno cercano crees que sabes, y ahí empieza el problema. Al poco tiempo entiendes casi todo lo que lees en portugués o en italiano, hablas, te entienden y nadie te corrige. Así se fosilizan los errores: dices a leite porque en español es «la leche», cuando en portugués es masculino (o leite), igual que en italiano (il latte); inventas palabras poniendo una terminación italiana a una española; acentúas en la sílaba que acentuarías en castellano. Y en unos años hablas un portuñol muy simpático que no es portugués.

La solución es tratar las diferencias como el contenido principal y no como un detalle: apuntar cada falso amigo, cada cambio de género, cada construcción que no funciona como en español, y repasarlo hasta que salga solo. Aquí la repetición espaciada de Qlango rinde especialmente, porque te vuelve a poner delante cada palabra justo antes de que la olvides, también las traicioneras, y el dictado te obliga a escribir lo que oyes, que es donde el portuñol se delata. En la tabla de idiomas tienes portugués de Brasil y de Portugal, italiano, francés, rumano, catalán y gallego, cada uno con los niveles disponibles.

Fácil no es lo mismo que mejor

Una opinión firme para terminar: el idioma más fácil es el que vas a usar el martes que viene. Si tu pareja es japonesa, el japonés te va a resultar más llevadero que el italiano, porque tendrás motivos para practicarlo cada día. Si trabajas con clientes de Brasil, el portugués es una ganga. Y si no tienes ningún motivo concreto, empieza por uno cercano: los primeros meses de progreso rápido enganchan, y con esa inercia cualquier segundo idioma se hace más llevadero.

Si dudas entre dos, echa un vistazo a los idiomas que puedes aprender y haz esta semana la primera lección de A1 de cada uno. Diez minutos con cada idioma bastan para saber cuál te apetece abrir mañana.

También te puede interesar